El progreso humano, a lo largo de los siglos, ha estado impulsado por el deseo constante de mejorar la calidad de vida. Sin embargo, este impulso ha llevado a la humanidad a perder de vista la importancia de apreciar y preservar los recursos esenciales que nuestro planeta nos brinda. En nuestra búsqueda desenfrenada de satisfacción inmediata, muchos han caído en la trampa del consumismo, desconectándose de la realidad de que la tierra es una fuente generosa de vida.
Es crucial reflexionar sobre si somos verdaderamente conscientes de la magnitud de los regalos que la tierra nos proporciona para sustentar nuestra existencia. Este planeta no solo es nuestro hogar, sino también una fuente inagotable de elementos esenciales como el aire que se respira, el agua que vitaliza, así como energía y recursos renovables. En lugar de sucumbir al inmediatismo de satisfacer los propios caprichos y placeres, es imperativo recordar la importancia de preservar y cuidar los recursos que hacen posible la vida en este planeta.
El desarrollo del hombre se ve envuelto en un proceso continuo que desde hace siglos busca permitir y garantizar calidad de vida principalmente para sí mismo, justo es desde este foco donde los sentidos de la humanidad se han venido viendo anestesiados por crear una necesidad inexistente queriendo hacer parte de la religión del consumo.
Entrados en este renglón me permito dirigir su pensamiento para que brame y retumbe la realidad que el humanismo ignora constantemente: A diario el ser humano humilla la naturaleza haciéndose sordo antes las alarmas que sucumben la estabilidad ecosistémica a nivel mundial.
“El medio ambiente, MA, es el entorno vital: el sistema construido por los elementos físicos, biológicos, económicos, sociales, culturales y estéticos que interactúan entre sí, con el individuo y con la comunidad en que vive, determinando la forma, el carácter, el comportamiento y la supervivencia de ambos.” (Gómez & Gómez, s. f.)
A pesar de los esfuerzos de concientización del medio ambiente, la magnitud de la crisis actual va más allá de la simple toma de conciencia. Claro está, es fundamental ser conscientes de todo aquello que repercuta de las acciones del hombre, pues todo estimulo presenta una respuesta, y todo impacto deja una huella en medio de un biotipo que pretende brindar cada una de las características necesarias para subsistir y desarrollarse como sociedad.
La explotación desmedida de recursos naturales, la contaminación discriminada y la falta de regulaciones efectivas han llevado a la degradación irreversible de ecosistemas vitales para la supervivencia planetaria. Casos como Monsanto, una empresa que ha desarrollado semillas genéticamente modificadas y herbicidas, han contribuido a la pérdida de biodiversidad y al envenenamiento de suelos y aguas; al igual que las secuelas ambientales que ha dejado las guerras.
Frente a la emergencia ambiental que a diario se manifiesta en efectos ambientales mediante la degradación, reducción, incremento y acumulación de factores críticos, medio ambientales y que se clasifican por ser de aspecto global es que surge la realización de Cumbres COP (Conferencia de las Partes) que ha sido realizada por la Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático (CMNUCC).
Las COP ha sido un intento global de abordar la crisis, promoviendo la cooperación internacional y la adopción de medidas para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Sin embargo, aunque han generado avances, aún no han logrado revertir completamente la trayectoria del deterioro ambiental. En cuanto a las consecuencias climáticas, es imperativo repensar nuestro modo de vida.
La pérdida de biodiversidad amenaza la estabilidad de los ecosistemas, afectando la seguridad alimentaria, la salud humana y la economía. La falta de acción conlleva riesgos para las futuras generaciones, que heredarán un mundo más frágil y vulnerable.
La tierra parece buscar un reordenamiento natural frente a la presión humana, Los efectos incluyen eventos climáticos extremos, desertificación, pérdida de recursos hídricos y cambios en la distribución de especies. El hombre, al no ser el actor principal en este tiempo, enfrenta la realidad de que sus acciones han desencadenado un desequilibrio que amenaza su propia existencia.
El desarrollo humano, que ha buscado históricamente la calidad de vida, ahora se enfrenta a la paradoja de que este progreso ha sido a expensas del entorno natural que sustenta toda forma de vida. Es esencial replantear el paradigma capitalista que choca contra la naturaleza y adoptar un enfoque que reconozca a la naturaleza como sujeto de desechos, no simplemente como objeto de propiedad.
Esta primera parte de la relatoría expresa ligeramente algunos de los aspectos que se desglosan en grandes ideas a lo largo del desarrollo de esta síntesis, puesto que la crisis ambiental planetaria exige una reflexión profunda sobre la relación entre el hombre y la naturaleza. La pérdida de la biodiversidad, los impactos de la actividad humana en el clima y la necesidad de un reordenamiento natural plantean desafíos cruciales. La acción global, regulaciones efectivas y cambios en el paradigma socioeconómico son fundamentales para enfrentar las consecuencias climáticas y garantizar un futuro sostenible para las generaciones venideras.
“Cuando investigamos cualquier problema ambiental hasta sus orígenes, se revela una verdad ineludible: que la causa fundamental de la crisis [ecológica] no se encuentra en cómo los hombres interactúan con la naturaleza, sino en la forma en que interactúan entre sí. Que, para resolver la crisis medioambiental, hay que resolver los problemas de la pobreza, la injusticia racial y la guerra. Y que la deuda para con la naturaleza que es la medida de la crisis ambiental no se puede pagar, persona a persona, en botellas recicladas o hábitos ecológicamente racionales, sino que hay que hacerlo en la antigua moneda de la justicia social. Que, en suma, una paz entre los hombres debe preceder a la paz con la naturaleza”. (Commoner, 1973)
De los grandes pensamientos expulsados en palabras por Barry Commoner, comprenden que los determinantes del ser humano abarcan más allá de la naturaleza y su biodiversidad, específicamente en la búsqueda de su bienestar, como bien se expresa más que la relación del individuo con la misma naturaleza hay una intervención subjetiva del bienestar natural, puesto que el estudio de impacto ambiental que postula la ANLA se enfoca en un impacto positivo frente a todo aquello que beneficie de manera social al hombre, pero ¿qué tan argumentativo es esta herramienta?
Los determinantes sociales pesan aún más ante un estudio de evaluación ambiental que la misma consecuencia ambiental que se sobre entiende dejará huella. Pues lo postulado por las teorías de Barry expresan que el hombre abarca más allá de su estado actual (estilo de vida) promoviendo las leyes de la ecología de Barry Commoner (S. Vederovisky, 2019) como se expresa en el video de youtube: “Todo está conectado con todo lo demás” por lo que las acciones que derivan e incluso de la percepción de vida y del entorno donde se desarrolla generan un impacto (consecuencia).
Según G. Augusto M. en su estudio de Condiciones Sociales y Ambientales como Elementos que determinan la salud en Colombia, se puede indicar que sobre la salud intervienen condiciones sociales que involucran la situación económica, política y cultural de una sociedad; y condiciones ambientales, incluida la relación de la persona con su entorno, la calidad de los recursos ambientales y el acceso a los servicios públicos básicos. (MENDEZ GARCIA, 2017)
Por lo cual, se convierte en una prioridad la correlación que existe entre el individuo y el medio en que habita, puesto que mientras el mundo manifiesta retornar su estado actual, el hombre busca retornar relación con el ecosistema mediante la construcción colectiva de una sociedad con intereses en común, pues más que hacer un viaje científico con los desafíos que enfrenta la humanidad y asume la tierra, esta relatoría pretende dejar un impacto por el momento, en el pensamiento de usted lector con la intención de redefinir lo que es “progreso”.
Se requiere de una transformación con la necesidad de establecer límites antes de que se agoten los elementos de inflexión, debido a que estos sistemas biofísicos regulan el estado completo del sistema climático en la tierra mientras esta misma lamenta los signos de inestabilidad presentes; enfrentamos algo mucho más profundo que una crisis climática, por ende, el fundamento de este minucioso trabajo es justamente trabajar para transformar nuestra quebrada relación con la naturaleza.
“Considerando la humanidad dentro del concepto de lo humano, del ser humano, y de los valores humanos, se sabe que se debe dar un trato adecuado a la naturaleza, sin haber una relación equiparable entre hombre y naturaleza, si reconocemos sus diferencias, además la naturaleza no puede ser tenida como un objeto de poder o de dominio del hombre, las plantas y los animales pueden ser sujetos morales que deben tener derechos, bajo la protección del hombre y para su sobrevivencia.” (Cardenas, 2014)
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